Pol Monen: «Tengo ganas de demostrarme muchas cosas a mí mismo».

Pol Monen: «Tengo ganas de demostrarme muchas cosas a mí mismo».

Como decían en aquel melodrama de los 70: “Amar significa no tener que decir nunca lo siento”. Sin embargo, para Pol Monen “Amar” ha sido el título de la película que le ha abierto las puertas a su sueño de convertirse en actor, nominación al Goya a Mejor Actor Revelación incluida. No pudo alzarse con la estatuilla, pero la vida le tenía reservado algo mucho mejor: una serie de nuevos proyectos (Vivir sin permiso, Tu hijo o Bajo la red) en los que ha tenido la oportunidad de seguir aprendiendo junto a compañeros como José Coronado o Ana Wagener, y que presagian una carrera meteórica, que no ha hecho más que empezar. Nos reunimos con él en AMALAVIDA (C/Loreto y Chicote 7) , el nuevo y flamante Lounge Bar de moda de Madrid, para hablar de este dulce momento que está viviendo.

 

Ángel Caballero: Comentabas durante la sesión de fotos que los momentos de posar ante la cámara te recordaban a reportajes de publicidad que hiciste de niño.

Pol Monen: Sí, aquello fue porque tenía una tía que era modelo y les sugirió a mis padres que podría hacer cosas de publicidad. Así que con tres años empecé con anuncios. Desde que era un niño tuve la suerte de que me mis padres me llevaban mucho al cine y al teatro. Con diez años, empecé en una escuela de teatro y descubrí que todo aquello me gustaba mucho más que estar posando y sonriendo. (Risas)

 

A.C: ¿Recuerdas cuál fue la primera obra de teatro que viste?

P.M: No sabría decirte con exactitud, porque vi muchas desde muy pequeño. Recuerdo una, que debió de ser de las primeras, en el Teatro Villa Roel de Barcelona, con Angels Gonyalons. Esa es como la primera que recuerdo, pero probablemente no sea así. (Risas) Iba al teatro como dos o tres veces al mes y al cine cada semana. Lo que sí sé es cuál fue la primera película que vi en una sala de cine.

A.C: ¿Cuál?

P.M: Babe, el cerdito valiente. No lo recuerdo casi, porque debía de tener unos dos años, pero siempre me han contado que nos echaron del cine porque me reía mucho.

A.C: ¿Me estás diciendo que la primera vez que fuiste al cine te echaron?

P.M: Sí. (Risas)

A.C: Y aun así, seguiste yendo al cine y al teatro hasta que te picó el gusanillo de la interpretación, llegando a hacer figuración en La mala educación, de Almodóvar.

P.M: Sí, aquello fue porque vi en el periódico que estaban haciendo castings a niños para aparecer como extras en la película, que se rodaba en un pueblo muy cerca de donde nací. Recuerdo que me hacía una ilusión bárbara ser figurante una película y fui al casting con muchas ganas. Luego recuerdo que le preguntaba a mi madre todos los días si habían llamado de la película, hasta que un día llamaron para decirme que me habían cogido. A pesar de que mi papel era nulo, porque salgo como un segundo en toda la película, fue mi primer acercamiento al mundo del cine, porque estuve rodando casi un mes entero. Lo pasé muy bien y empecé a pensar que quería hacer esto de mayor, pero mis padres, en lugar de buscarme un representante, lo que hicieron fue apuntarme a una escuela de teatro. Lo que me parece una decisión mucho más acertada.

 

 

A.C: Y al cumplir los dieciocho años, cogiste la maleta y te viniste a Madrid a estudiar Arte Dramático y Periodismo, dispuesto a convertirte en actor.

P.M: Sí, ahí fue cuando tomé la decisión en firme. Fui consciente de que el teatro no era solo algo que me gusta, sino que era a lo que quería dedicarme profesionalmente.

A.C: Supongo que tu formación como periodista te habrá servido para conocer más el medio a la hora de hacer entrevistas y temas de promoción.

P.M: Para entrevistas en audiovisual no mucho, porque hicimos muy pocas prácticas. Estuvimos sólo como dos días en plató… Quizás me sirvió más a la hora de responder entrevistas escritas, aunque la verdad es que a mí siempre me gustó mucho tanto leer como escribir. Creo que eso es lo que me ha aportado más.

A.C: ¿Y nunca te has planteado escribir una función de teatro?

P.M: Pues igual… Pero me gustaría más empezar con un corto o algo así. Tengo muchas ideas y a veces me pongo a escribir, pero, de momento, no tengo nada terminado.

A.C: ¿Qué te falta para terminar esas historias?

P.M: Constancia, quizás. Soy un poco inseguro a la hora de escribir. Empiezo muchas cosas y luego las borro… De repente un día estoy muy inspirado y me siento a escribir, pero luego lo leo tres días después, no me gusta nada y empiezo a cambiarlo todo.

 

 

A.C: La interpretación, al igual que la escritura, también tiene mucho de creación, de constancia y disciplina. ¿Cómo sueles preparar tus personajes?

P.M: Depende de cómo sea cada uno. Lo primero que hago es tratar de entenderlos, tratar de comprender por qué hace lo que hace. Luego me hago preguntas como qué hace en su día a día o qué hace cuando nadie le ve. Estas cosas me inspiran a crear de alguna manera el universo del personaje y a imaginarme cómo actúa esta persona. También hago cosas puramente técnicas y aplico muchos de los ejercicios que he aprendido en el estudio de Juan Carlos Corazza.

A.C: Muchas veces, sobre todo en cine o televisión, donde el tiempo es tan importante, es complicado poner en práctica ejercicios de técnica antes de rodar una escena. ¿Qué haces en estos casos?

P.M: Bueno, si sé que me van a recoger a las nueve de la mañana, lo que hago es despertarme mucho antes y hago toda la preparación antes de ir a rodar. Suelo dedicarle una hora aproximadamente. Consiste en hacer un calentamiento muy físico; también caliento la voz con una técnica que se llama Linklater y, si puedo, hago un monólogo interior del personaje.

 

 

A.C: ¿Prefieres ser muy fiel al texto o te gusta dejarlo algo abierto a la improvisación?

P.M: No, yo creo que, para poder improvisar bien, hay que saberse perfectamente el texto y tener claro qué es lo que vamos a contar con esta historia.

A.C: De niño estudiaste en una escuela bilingüe, lo que te ha permitido trabajar en proyectos en inglés. Muchas veces he comentado con otros compañeros que, los que no somos bilingües o no trabajamos con regularidad en otro idioma, al principio notamos que nuestro trabajo como actores en esas ocasiones se ve un poco resentido, porque nuestro cerebro sigue pensando en nuestro idioma y hace un proceso de traducción que no nos permite centrarnos en la escena al cien por cien. ¿Te ocurre a ti esto?

P.M: Sí, estudié en una escuela bilingüe hasta los trece años, pero tampoco me considero bilingüe. Tengo un buen nivel de inglés y no tengo que hacer ese proceso de traducción, pero soy consciente de que siempre se puede seguir trabajando y mejorando. La verdad es que en inglés tampoco he trabajado mucho. Hice The Avatars, que tenía como cinco capítulos, y participaciones en Reinas o Lost in the west. Todos eran personajes pequeños, así que aún no he tenido la posibilidad de desarrollar un personaje grande en otra lengua que no sea la mía. Aunque te confieso que es algo que me llama mucho la atención y que me gustaría poder hacer algún día.

 

A.C: Y mientras llega ese día, te entrenas viendo cine y teatro en inglés.

P.M: Sí, es una de las cosas que hago. Me gusta verlo todo en versión original, porque considero que la voz es algo muy particular que define gran parte del trabajo del actor. Eso se pierde un poco con el doblaje, a pesar de que en España tenemos muy buenos actores de doblaje. Lo que ocurre es que a mí ver a actores doblados, como Meryl Streep, que llena su trabajo de tantos matices, me parece un poco un sacrilegio.

A.C: Leí una entrevista en la que decías que Meryl Streep era, junto a Nicole Kidman, una de tus actrices favoritas y que te encantaría volver a verla en televisión. Yo no creo mucho en la ley de la atracción, pero parece que a ti te funciona, puesto que las has juntado a las dos en la nueva temporada de la serie Big little Liers… Algo que muchos te agradecemos.

P.M: No, ¡Qué va! No he tenido nada que ver. ¡Ojalá! (Risas) Dije aquello en una entrevista porque en aquel momento estaba viendo Ángeles en América, una serie en la que ella tiene varios papeles y está brutal. Me encantó su trabajo y dije: “¡Qué maravilla! Me encantaría volver a verla en una serie…” Aunque el cine también me encanta.

 

 

A.C: Y no solo te gusta verlo, porque después de verte en Amar, se nota que también te gusta hacerlo. ¿Cómo recuerdas el proceso de casting para esta película y el momento en el que te dijeron que te habían cogido?

P.M: Bueno, he tenido varios noes antes de que me dieran mi primer “sí”, digamos, grande. Recuerdo que cuando me dieron el papel, estaba como en un estado mental en el que pensaba: “Bueno, no pasa nada. Si no es éste, probablemente será el siguiente o el próximo”… Pero sentía que estaba muy cerca, porque había quedado finalista en varias pruebas y sabía que estaba haciendo buenos castings. Así que dije: “Ojalá sea éste, porque me apetece muchísimo hacer este papel… pero que sea lo que tenga que ser”. Creo que, como actores, debemos darlo todo en una prueba, pero una vez la acabas tienes que olvidarla, porque el trabajo ya está hecho y hay mil factores para que te cojan o no. Recuerdo que me preparé muy bien las pruebas y que cuando me dijeron que me lo daban fue el mejor día de mi vida.

A.C: ¿Más que cuando te dijeron que te habían  nominado al Goya por esta película? ¿Esperabas esa nominación?

P.M: Uno siempre sueña, pero la verdad es que no lo esperaba. Y menos que ocurra con el primer papel importante que te dan. Creo que es algo que nadie se puede imaginar.

A.C: ¿Llegaste a verte ahí subido, recogiéndolo?

P.M: Te mentiría si te dijera que no. Pero luego también había como una voz racional dentro de mi cabeza que sabía que yo no era el favorito. También creo que una nominación ya es un  reconocimiento a tu trabajo que ni había imaginado. Eso está genial y es lo que pensé cuando no me lo dieron. No me rayé, ni me entristecí… Pensé un poco lo que te decía que pensé cuando hice la prueba para la película: “Que sea lo que tenga que ser”. Porque estas cosas, al fin y al cabo, no dependen de nosotros. Creo que es mejor centrar esas energías en tu próximo trabajo. Yo no hago esto ni por los premios, ni por el reconocimiento, y mucho menos ahora que estoy empezando. Lo único que tengo es muchas ganas de trabajar.

 

2018 Pol Monen, algopasacom, Moises Fernandez Acosta, #moifernandez-15

 

A.C: No tienes ganas de reconocimiento… ¿Y ganas de demostrar algo?

P.M: Tampoco. Tengo ganas de seguir aprendiendo; y más que tener ganas de demostrar a los demás, tengo ganas de demostrarme muchas cosas a mí mismo. Para mí, ésta es una profesión muy complicada y no doy nada por hecho. Sé que, aunque ahora esté encadenando bastantes trabajos, aquí no hay nada asegurado. Tener trabajo en esta profesión es un  privilegio y yo no me olvido de esto. Por eso me lo tomo con mucha responsabilidad.

A.C: ¿A quién le habrías dedicado el Goya?

P.M: Fíjate, lo que más me habría gustado de que me lo dieran es por poder dedicarlo a la gente. Al final, una película es un trabajo de mucha gente, y no podemos olvidar que el trabajo del actor es un engranaje más dentro de una cadena súper grande. Sin un buen montaje, sin una buena foto, sin una buena dirección, sin un buen guión, sin un equipo de maquillaje, peluquería, vestuario… no se puede hacer una película. A toda esa gente me habría gustado agradecérselo.

A.C: El sexo está muy presente en esta película, y habéis tenido que rodar muchas escenas manteniendo relaciones sexuales que no son las que se suelen ver en cine… Lo que imagino que habrá implicado una gran carga de confianza, riesgo y desnudez física y emocional. ¿Fue difícil rodar estas secuencias?

P.M: A mí no me costó, porque tenía una compañera fantástica. Y eso que era casi mi primera vez, porque sólo había rodado una antes. (Risas) Tanto María (la actriz María Pedraza, su compañera en Amar) como yo estábamos en una situación parecida, puesto que los dos éramos muy jóvenes, era nuestro primer proyecto importante, teníamos mucha confianza… y todo esto ayudó mucho. El director también nos lo puso todo muy fácil.

A.C: Acabas de interpretar a Romeo en una campaña publicitaria de una conocida marca de joyas que ha dirigido Paula Ortiz. ¿Qué tal la experiencia?

P.M: Muy bien. Me encanta Paula y tenía muchas ganas de trabajar con ella porque me encantó La Novia. Fui a verla dos veces al cine, que no lo hago siempre, pero esa película tiene algo tan especial… Y la experiencia, tanto con ella como con el resto del equipo, ha sido maravillosa. Además, aunque era una campaña comercial para una marca, la historia trataba sobre Romeo y Julieta y era como muy de actores, que siempre mola mucho más.

A.C: ¿Eres aficionado al teatro de Shakespeare?

P.M: Mucho

A.C: Acabas de trabajar con José Coronado, Ana Wagener… grandes maestros.

P.M: Sí, no sabes lo feliz que estoy siendo este año. Ni siquiera había podido soñar con trabajar con gente tan talentosa, como Miguel Ángel Vivas o Marc Vigil, con el que trabajé en Vivir sin permiso y que ha sido un gran descubrimiento para mí. Siento como que tengo muchas razones para estar agradecido. Por eso, cuando antes me preguntabas sobre la nominación… para mí el premio más grande es poder dedicarme a esto.

A.C: ¿Te sueles poner nervioso cuando tienes delante a alguno de estos pesos pesados?

P.M: Supongo que depende de la persona. Por ejemplo, Coronado me imponía un poco al principio porque lo admiraba mucho, pero cuando empecé a conocerlo, vi que era un hombre súper sencillo, un gran compañero que no marca nada de distancia y que me ayudó muchísimo. Es un compañero muy generoso. Pensé que si ha trabajado tanto, además de por su talento, que es innegable, es por la actitud que tiene ante el trabajo. Se nota las ganas que tiene y le ves una energía como si tuviera dieciocho años, como si estuviera empezando y fuera su primer papel.

A.C: ¿Qué es lo que más te ha gustado de trabajar con ellos?

P.M: Que en lugar de venir y decirte “tienes que hacerlo así o asá”, predican con el ejemplo. Es maravilloso verlos trabajando con esa profesionalidad y ese amor a su oficio. Eso lo he aprendido de ellos y espero poder aplicarlo siempre.

 

 

A.C: Me gustaría acabar esta entrevista preguntándote donde te gustaría verte dentro de cuarenta años.

P.M: Trabajando de actor. Y si puede ser, en proyectos que me gusten y me estimulen, sería fantástico.

A.C: Con tu talento y el poder que hemos comprobado que tienes para soñar algo y que se cumpla, seguro que así será. Gracias por la charla, Pol.

P.M: Gracias a ti.

 

TEXTO: ÁNGEL CABALLERO

FOTOGRAFÍAS: MOISÉS FERNÁNDEZ

MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA: CHELO ESCOBAR

PRODUCCIÓN: JAIME PALACIOS

AGRADECIMIENTOS: AMALAVIDA, JOSE LUCENA.