Pablo Rivero: «La última palabra la tiene el director».

Pablo Rivero: «La última palabra la tiene el director».

Nos reunimos en el Place to be Madrid, la nueva y flamante terraza y restaurante ubicada en la séptima planta del hotel Only You Atocha. A las maravillosas vistas de la capital madrileña se suma la compañía de Pablo Rivero, que acaba de publicar su primera novela. Un thriller titulado No volveré a tener miedo (ED. SUMA), que nos atrapará hasta la última página mientras esperamos a sus próximos proyectos como actor: un nuevo trabajo a las órdenes de Isabel Coixet y la próxima temporada de la serie Cuéntame cómo pasó.

 

Ángel Caballero: Estos días te encuentras inmerso en la promoción y firmas de libros de tu primera novela. Imagino que, al ser un proyecto más personal, se vive de un modo distinto a cuando estás promocionando una película, donde estás más arropado por un equipo de compañeros.

Pablo Rivero: Es que es un proyecto que llevo tanto tiempo queriendo sacar adelante, que lo estoy disfrutando mucho.

 

 

A.C: ¿Cuándo fue la primera vez que se te pasó por la cabeza empezar a crear esta historia?

P.R: Como a los dieciséis años. Pero no fue hasta un viaje que hice en 2008 cuando empecé a escribir ya desde los personajes y a recopilar como estampas, o momentos de los 90, que yo recordaba para integrarlos en los personajes. Así empecé y fui continuándolo en los parones entre temporadas de Cuéntame. Sobre todo la he ido escribiendo en viajes…

A.C: Pero principalmente en uno que hiciste hace unos años a Nueva York, ¿no?

P.R: Sí, el grueso de lo que yo presenté a la editorial lo escribí ahí, porque estuve un mes viviendo allí y me apetecía trabajarlo y crearme una dinámica diaria de trabajo. Al final, cuando estamos en Madrid, entre una cosa y otra, conseguir esa dinámica es muy complicado y no te pones. Además, allí me divertía mucho poder ir a escribir a Bryant Park, a la biblioteca Nacional, donde se han rodado tantas películas, y poder sentarme allí a escribir sin que nadie te conozca… Supongo que también tiene mucho que ver con esta cosa que tenemos los actores de jugar a ser otra persona y tener otra vida.

 

A.C: Para los que te conocemos un poco, y también te seguimos en las redes, es fácil darse cuenta de que la novela reúne muchas referencias a películas, música o situaciones que tienen mucho que ver contigo: Nirvana, Twin Peaks, el thriller…

P.R: Sí, claro… El personaje de la madre, por ejemplo, que a mí me parece uno de los más duros, porque es una actriz frustrada a la que el marido abandona y se queda con dos hijos que nunca ha querido tener, es un homenaje a todas estas grandes actrices del cine clásico, como Lauren Bacall o Bette Davis, que fumaban, casi, mirándose al espejo. Ella también habla de muchas películas que a mí me encantan, como Kramer contra Kramer o Atracción fatal. Como decías antes, es un proyecto muy personal y un poco la suma de todas las cosas que a mí me gustan. Me he divertido mucho (y al mismo tiempo ha sido muy duro) escribiéndola, pero también he sudado la gota gorda para llegar a los plazos de entrega que pedía la editorial. Para mí es un privilegio poder hablar de algo que yo he hecho… La novela está teniendo bastante eco, la gente está reaccionando de un modo muy bueno y los medios me están tratando muy bien, leyéndose el libro y haciéndome unas preguntas muy interesantes, por lo que no puedo estar más agradecido.

A.C: Como actor cuidas bastante tus apariciones en los medios…

P.R: Cuando no estoy trabajando, o estoy solo con Cuéntame, intento limitarlas más, porque, como bien sabes, cuando pocos meses después tienes que promocionar una película o una obra de teatro de cara a los medios, es como que te tienen ya muy visto y no te quieren sacar. Hay veces que se juntan varias cosas, como recientemente, que ha estado bastante cercano el estreno de la película Neckan con la publicación de la novela, y no lo puedes controlar. Por eso, cuando sí puedo hacerlo, intento reservarme un poco más para los momentos en los que tengo algo que promocionar.

 

A.C: Hablabas antes de tus viajes a Nueva York… Yo recuerdo uno en concreto en el que te fuiste a ver a Michelle Williams en Cabaret y me diste una envidia…

P.R: Ese verano me fui a empaparme de teatro, porque venía de hacer un par de obras con las que había disfrutado mucho y fui con la idea de comprar derechos, me compré muchos libros… Lo que pasa es que estando allí hablé con Asier Etxeandía y estuvimos hablando también de teatro, de un nuevo proyecto que tenía con la Factoría Madre Constriktor… y al volver en Septiembre me hicieron el regalo de ofrecerme la función Siempre me resistí a que terminara el verano.

 

 

A.C: Trabajaste en los dos últimos montajes que hizo Tomaz Pandur en España, La caída de los Dioses y Fausto. Cuanto menos que un privilegio, ¿no?

P.R: Sí… Un privilegio y, al mismo tiempo, un poco una condena, porque deja el listón tan alto… Lo que pasaba con Tomaz era muy extraño, porque o le amabas o había mucha gente a la que no le gustaba nada. Era muy curioso, porque todo lo que le atacaban, sobre todo como amante de la estética o de que todo les parecía muy superfluo, cuando estabas dentro la sensación era todo lo contrario. Una cosa es que fuera ambiguo, que no lo explicara todo y que eso pudiera desconcertarte, pero desde dentro teníamos la explicación de todo. Era un trabajo profundo, creativo y, como él era un caballero, todo era desde el amor. Te daba mil referentes de películas, de música, de arte… A nivel creativo y cultural era una maravilla. Y luego ya, a nivel personal, aún más allá. Por eso te decía que te deja el nivel muy alto. Luego yo he tenido suerte; y lo bueno de esta profesión, además, es que te encuentras distintas maneras de hacer las cosas. Con Daniel Veronese, por ejemplo, era completamente lo opuesto, porque no te explica nada, aunque tienen esa velocidad y ese ritmo en común. Te das cuenta de que las dos maneras son igual de válidas y yo las disfruté muchísimo. Por eso también creo que lo bueno es poder ir variando y conociendo a diferentes directores y compañeros. Yo siempre decía que cuando Tomaz te llamaba, aunque sólo fuera para tomar un café y verte, era como si vinieran los reyes magos.

 

A.C: Empezaste a estudiar periodismo, te acabaste licenciando en comunicación y, curiosamente, el personaje más longevo que has tenido (Toni Alcántara) ha acabado siendo periodista y presentando el informativo de TVE.

P.R: Sí. Además, en la carrera hicimos alguna práctica de telediario y yo lo pasaba fatal, porque ahora ya no, pero antes me daba muchísima vergüenza ponerme ahí delante sin un personaje y luego escucharme y verme.  También a esa edad yo creo que a los actores nos ocurre algo raro, porque estamos todo el tiempo queriendo demostrar que somos mejores actores de lo que somos y es como que nos escondemos en voces distintas o haciendo cosas que creemos que son más interesantes. Yo recuerdo que todo lo que hacía a esa edad no me gustaba nada… Creo que los actores tenemos que utilizar lo que tenemos y no ponernos barreras a nosotros mismos. Al final nos dedicamos a esto para vivir historias y hacer cosas que tú nunca harías. Y, curiosamente, si lo hicieras en la vida real lo harías fatal, pero cuando lo vas a hacer como actor hay algo que se dispara y lo haces… Es como si tú ves una valla y dices: “Es imposible que yo salte eso”. Pero luego llega una escena en la que lo tienes que hacer, escuchas acción y lo haces.

 

 

A.C: No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero creo que los actores nos calentamos mucho la cabeza y al final, obviamente después de una preparación, una técnica y un trabajo, todo se resume en: verdad y energía.

P.R: Por supuesto. Y esa verdad llega cuando nos concedemos una libertad para crear, para no juzgarte y para lanzarte. También puede que ocurra porque somos excesivamente responsables.

A.C: Yo lo llamo el mal del buen alumno. Por lo general, nos sucede a los que siempre queríamos sacar las mejores notas.

P.R: Claro… Esos profesores, esos referentes y esa gente que te ha marcado siempre están ahí. Y cuando llegas a esta profesión, y estás empezando, quieres que todo el mundo vea que eres muy responsable, que eres serio, que te has formado, que tus referentes son estos y estos, y que eres muy buen actor. Puede que por eso, yo admiro a muchos actores jóvenes, como Álex Monner, porque trabajan desde una libertad, con una personalidad aplastante y tienen algo como de que les da igual, pero, a la vez, siendo muy profesionales. A mí me ha costado muchos años adquirir eso… estar tan seguro de tu trabajo.

A.C: Tú en la serie, además, has tenido la suerte, siendo muy joven, de trabajar con grandes leyendas del cine español, como Fernando Fernán Gómez, Agustín González, Tony Leblanc o el propio Imanol Arias.

P.R: Sí, ha sido una gran suerte… Yo creo que hay que tener muchos referentes, hay que valorar las cosas, ser agradecido y trabajar mucho, pero todo esto no te puede ganar. A mí es algo que me ocurrió durante muchos años, como que no me creía del todo que estaba ahí y me limitaba más a ser espectador. Ahora, por ejemplo, que acabo de trabajar con Isabel Coixet, y no paraba de pensar que si eso me llega a pasar cuando tenía veinte años lo hubiera hecho muy mal, porque seguramente me habría superado la situación y estaría más preocupado porque ella me tomara en serio que por hacer el trabajo que tenía que hacer. Por suerte, me ha ocurrido ahora y me he podido tomar la libertad de disfrutar de la experiencia.

 

A.C: Háblame de este proyecto con Isabel Coixet…

P.R: Son cuatro cortometrajes extensos, que forman parte del proyecto de Cinergía. Se va a estrenar cada uno en un festival de cine distinto. Cada uno de ellos son historias autoconclusivas, pero luego habrá un montaje final con estas cuatro historias, ya que los personajes que aparecen en ellas son los mismos a lo largo de los años. Yo interpreto a Lluís Homar de joven, que es como un sueño. Es como… ¡Ojalá de mayor sea así! (Risas) El personaje de mi madre lo hace Carmen Machi, así que ya te digo que lo he vivido todo como un niño en la noche de los reyes magos, pero sin dejar que la situación  me sobrepasara.

 

A.C: ¿Quiénes han sido las personas con las que has trabajado de las que más has aprendido y que más te han marcado?

P.R: Pandur a nivel creativo, artístico, a cómo encarar el trabajo… Esa parte romántica en equilibrio con la entrega salvaje, además del amor y el respeto al público. Él me enseñó a hacer de este oficio algo especial, algo bello… porque, como él decía: “hay tanto mal en este mundo que, de repente, lo único que te impacta es cuando aportas algo de belleza”. Vemos tantas muertes, tantos asesinatos… que lo único que va a tener una relevancia en ti es que te muestren algo bellísimo. Eso no lo vas a olvidar nunca. A mí eso me marcó, y que creo que a todos los que hemos trabajado con él también. María Galiana para mí también es un gran referente, porque somos muy parecidos en algunas cosas. Ella es una mujer muy preparada, que se dedica a esto porque le gusta, porque ha visto mucho cine, porque le encanta este mundo y lo respeta al máximo. Y, al mismo tiempo, es una persona súper normal, con los pies en la tierra, que sabe cuándo algo está bien hecho, cuando no y no le da miedo admitir cuando se equivoca.

 

 

A.C: Tú empezaste muy joven en este oficio… Cuando eso ocurre, es fácil perder un poco la perspectiva y que se te vayan los pies del suelo. ¿Te he ocurrido esto?

P.R: Espero que no… (Risas) En serio, creo que he tenido la suerte de dar con buena gente de la que he aprendido y me ha inspirado, y luego también he visto cosas en otras personas que me han enseñado el tipo de persona y de actor que no quiero ser. No me gusta hacer esperar a la gente, no quiero parar un rodaje por equis… Aunque yo me haya hecho en mi cabeza una película de cómo tiene que ser la escena, al final la última palabra de cómo tiene que ser la tiene el director y, para mí, lo importante es que él se quede contento. Es su película, es su historia y, al final, nos guste o no, somos marionetas en ese sentido. Yo lo que tengo que hacer es integrarlo y llenarlo de verdad y de vida para que el público cuando lo vea se lo crea. Yo no estoy por delante del proyecto… A mí no me gustan los actores que están todo el tiempo imponiendo cosas, porque, además, eso hace que te pierdas todo lo que hay a tu alrededor y no aprendas. Y esto consiste en estar siempre aprendiendo, ya sea del chavalito que empieza o del señor que lleva toda la vida. Tenemos que ser siempre conscientes de que éste es un trabajo de equipo y no perder esa unión como de campamento en la que vamos todos a una.

 

A.C: Me gustaría acabar con un dato curioso: en Cuéntame, el personaje de tu hermano Carlos, que interpreta Ricardo Gómez, es escritor, y en la vida real Irene Visedo y tú habéis acabado escribiendo libros.

P.R: Bueno, ¡Ricardo también escribe! Ha hecho un par de cortos y es muy creativo, por lo que no me extrañaría nada que acabara lanzándose a escribir un libro. Además, es curioso, porque si lees el libro de Irene es muy ella y si lees el mío, como decíamos antes, es muy yo. De hecho, Irene me ayudó mucho con el libro al principio y se lo agradezco muchísimo. Me ha venido muy bien conocer esa experiencia previa que ella tuvo antes que yo.

A.C: Pablo, siempre es un placer charlar contigo, y estoy seguro de que también lo será leerte en esta nueva aventura titulada No volveré a tener miedo. Te deseo mucha suerte.

 

TEXTO: ÁNGEL CABALLERO

FOTOGRAFÍAS: MOISÉS FERNÁNDEZ ACOSTA

PRODUCCIÓN: JAIME PALACIOS

AGRADECIMIENTOS: HOTEL ONLY YOU ATOCHA, MARTA DE ANDRÉS.